domingo 17 de enero de 2010

Sobre el articulo en el Pais de Borja Vilaseca: ¿Qué me aporta mi actual trabajo?

Por el interés y la actualidad repito la entrada de Octubre de 2008: "Los gurús de la culpabilidad".Entonces decía yo:


Quienes han dimitido interiormente en el trabajo no lo hacen por causa de la esperable frustración propia de expectativas irreales o irrealizables que hubieran tenido anteriormente acerca de lo que un trabajo puede proporcionar a un ser humano. No faltan aquellos que aprovechan para cargar las tintas, una vez más y de maneraculpabilizadora, contra las víctimas del mecanismo de la dimisión interior en el trabajo.
Resulta demasiado comprometido para muchos evaluar y tener que abordar y remover las condiciones de un entorno laboral tóxico que producen y hacen aparecer el fenómeno dimisionario interno.

Las causas de la infelicidad actual.


En lugar de analizar qué causas individuales, sociales y organizativas conducen a un trabajador a dimitir, estosobservadores superficiales y cómodos de la realidad obvian aquellas condiciones laborales que transforman a un ser humano y le convierten en dimisionario. Se agarran al factor individual de la víctima de la dimisión interior para explicar en base a sus propiosrasgos el porqué termina desapegándose así.

Una vez más y como resultado del “error fundamental de atribución” que ya hemos identificado tantas veces losvictimólogos en todos los problemas que analizamos, vemos como se produce el intento de verificar que son las víctimas las que “algo han hecho o algo son que explica porqué han resultado victimizadas”. Cometer con ellas este “error de atribución” transforma a trabajadores en dimisión interior de víctimas en responsables de su propio mal y por tanto culpables ante la opinión pública.

Es "su propia infelicidad y frustración interior previa", lo que los transforma en dimisionarios, según estos falsos amigos. Es un "carácter amargado, resentido y victimista" el que, según ellos, transforma el propio trabajo en un infierno.

Un enfoque inadmisible y victimizador el de estos gurús de la culpabilidad.


POST DATA: Creo que mi buen amigo Borja Vilaseca no ha sabido interpretar correctamente mi posición en torno a los riesgos psicosociales en el trabajo. De mis palabras en su reportaje se deduce lo contrario de lo que realmente pienso en esta materia.

viernes 20 de noviembre de 2009

Entrevista a Iñaki Piñuel, REVISTA INNOVATIA


ENTREVISTA A IÑAKI PIÑUEL:
Autor de “Liderazgo Zero”

Son las 11 de la mañana de un soleado martes de principios de noviembre, el Profesor D. Iñaki Piñuel (Coach, experto en Management, psicoterapeuta, escritor, profesor de la Universidad de Alcalá y conferenciante de LID Editorial) nos atiende en su despacho de la calle Dr. Esquerdo en el castizo barrio de Salamanca de la capital madrileña.

Nos recibe con un agradable aroma a incienso, confortables sillones de cuero y una extensa biblioteca repleta de libros tras nosotros. Desde una mesa de centro acristalada a modo de expositor nos observan todas sus anteriores obras (“Neomanagemet, Jefes tóxicos y sus víctimas”, “Mi jefe es un psicópata. Por qué la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder” etc.)

Le pillamos escribiendo, trabajando (¿tal vez en algún nuevo e interesante proyecto? más adelante nos dejará caer que sí). La verdad es que no me extraña dado de quien se trata: autor de nueve libros, profesor de Universidad, ensayista, consultor especialista en Management y Recursos Humanos.

Le dedicaremos hoy, siendo lo más fiel posible a sus palabras, esta entrevista a modo de homenaje al ensayista ganador del premio Everis 2008, al hombre que a modo de profeta contemporáneo ha tratado mediante sus obras proponernos a todos que un nuevo tipo de liderazgo es posible y que la clave de este liderazgo comienza por “ser un facilitador de la vida de los demás”.

CUESTIONARIO INNOVATIA:

Empieza usted su libro con una cita extraída del evangelio en la que se afirma con rotundidad que no se puede servir a Dios y al poder ¿Quiere decir con ello que no se puede ser líder y bondadoso a la vez?

Bueno le voy a confesar un pequeño secreto, yo he modificado un poco esa cita evangélica. El evangelio de San Mateo no dice exactamente: “no se puede servir a Dios y al poder”, el término exacto es: “no se puede seguir a Dios y a Mammón”, que normalmente se traduce como:“no se puede servir a Dios y al dinero”.

Hago ese cambio para ilustrar que “es imposible estar a dos cosas”. O estás a ayudar a los demás (a facilitar la vida de los demás, a convertirte en un facilitador de sus objetivos etc.), o estás a ser un facilitador de tus propios objetivos, de tu interés, de tu ambición y en definitiva, de tu propio egoísmo.

Este es mi noveno libro. Tras todos estos años de investigaciones, he llegado a una conclusión: lo que verdaderamente cambia a los directivos con el mejor de los pronósticos, convirtiéndoles en directivos tóxicos es el ejercicio del poder. El poder es un potente modulador de comportamientos y actitudes que cambia a las personas. De ahí que ante el ejercicio del poder las personas cambien de tal manera que los que ya las conocían afirmen: “no te reconozco, cómo has cambiado, cómo te ha cambiado el ejercicio del poder”. Esto es un drama, porque el propio directivo no es consciente de esos cambios que se van produciendo lenta y sutilmente y que le van haciendo pasar a lo que yo llamo el lado oscuro de la fuerza, es decir el lado oscuro del liderazgo. Ese lado oscuro del liderazgo es algo en lo que todos y cada uno de nosotros podemos caer si no estamos atentos, convirtiéndonos en un directivo tóxico.

El Liderazgo Zero es una especie de “no- liderazgo”, porque supone ser todo lo contrario a lo que toda la vida nos han contado que es ser un líder. Tradicionalmente, nos han dicho que ser un líder consiste en hacer que todos los demás hagan lo que tú quieres, someter a todo el mundo a tus deseos y ambiciones, engañar, manipular, instrumentalizar a todos y poder así llevarte “el gato al agua”. Eso supone ser un directivo autoritario, tóxico y manipulador y significa convertirte a medio plazo en una especie de psicópata organizacional. Hasta ahora no nos habíamos parado a pensar que todas esas ideas tan tranquilamente asimiladas son nocivas y lesivas para los propios directivos. Y mucho más para las personas que son dirigidas por ellos.

¿Podría explicar a nuestros lectores qué cualidades o rasgos positivos diferencian a un buen líder del concepto de liderazgo que teníamos hasta ahora?

Hasta ahora el liderazgo estaba basado sobre el doble pilar de la jerarquía y la competencia técnica. La jerarquía, es decir: “tenéis que obedecerme y seguir mis indicaciones porque soy el jefe”, y la competencia : “os debéis dejar guiar por mí porque además soy el que mejor sabe hacer el trabajo que se hace en esta unidad o departamento” Pero estas fuentes de poder social se han terminado. La jerarquía, la autoridad y la competencia como fuentes de liderazgo se han acabado y solo nos queda una. En el siglo XXI, los líderes serán o no serán tales dependiendo de si se apoyan o no en una tercera legitimidad fundamental que se llama “confianza”.

Se podría decir que lo que diferencia a un líder tóxico o neomanager (que es como yo los llamo) de lo que debería ser, es que estos tipos de líderes de antaño o líderes tóxicos se apoyan en el criterio jerárquico y/o competencial, mientras que el liderazgo Zero se apoya en la confianza como un valor central y absoluto en la dirección de las personas. Me refiero a que la confianza es aquello que otros te otorgan y que no se puede forzar, no se puede coaccionar, no se puede instrumentalizar... es algo que los demás te otorgan voluntariamente y si no lo tienes, no vas a poder ser líder en el siglo XXI , si los demás no se fían de ti, no hay nada que hacer.

El patrimonio del líder Zero es la confianza como centro, como núcleo, como base de todas las relaciones y como fundamentación de la mismísima actividad como líder.

Los líderes, bajo su punto de vista, ¿nacen, se hacen o los hacemos líderes la propia sociedad?

Mi opinión es que un líder es aquel que es un modelo de actuación para otras personas. Solamente puedes convertirte en un líder desde el momento en que haya personas que te adopten como un modelo válido de comportamiento, lo cual también tiene sus riesgos pues no puede ser algo obligado, forzado ni coaccionado.

Hoy en día la única posibilidad que nos queda para dirigir y ser líderes es que los demás acepten lo que les decimos porque encuentran que somos un modelo del ser válido para ellos. Lo cual habla de la legitimidad y de la autoridad moral. El “ser” es lo que verdaderamente convence y atrae, no el parecerlo, simularlo o aparentarlo meramente.
Líder es algo que se es, sea que has nacido así o sea que lo has ido integrando en tu forma de ser. Lo importante no es si has nacido así o si por el contrario lo has ido integrando, lo importante es que para ser líder necesitas esa autoridad moral que te proporciona la confianza de los demás en ti.

Hay tres cosas que te otorgan esa legitimidad: la primera es aparecer como alguien que sabe lo que hace en lo relacional. No se puede ser líder y no tener ni idea de cómo comunicar, cómo motivar, cómo movilizar un equipo humano, cómo dar feedback a alguien, bien en positivo o en negativo (es decir: animarle a que siga haciéndolo bien, o decirle que no está haciéndolo bien, desde una actitud constructiva ).

La segunda sería la benevolencia. Para un líder es fundamental ser percibido como alguien que quiere hacer un bien a los demás y para ser percibido de esa manera, no hay nada mejor que serlo de verdad, porque la benevolencia no se puede simular.

Y la tercera y esta es muy importante, es la integridad (ser percibido como un líder honrado) que a su vez está compuesta por tres rasgos: la capacidad de respetar mi propia palabra y mis compromisos, la transparencia, es decir que lo que digo se corresponda siempre con aquello que pienso y finalmente, el no aprovechamiento oportunista de las ventajas que me confiere mi poder, esto es renunciar a la ventaja de “tener la sartén por el mango”.

Dice usted ya en la portada de su libro que “es posible un liderazgo más allá del poder, la rivalidad y la violencia”. ¿Es esto una declaración de intenciones?

Sí, el Liderazgo Zero no es una mera utopía. Lo que muestra este ensayo es una propuesta (algo que debe ser aceptado libremente), una opción que cada líder debe hacer internamente y de manera consciente. Esa opción significa para muchos de ellos hacer una total reconversión.

Muchos directivos están “hasta arriba” de prácticas obsoletas y tóxicas, de ideas equivocadas, de concepciones abusivas del poder, etc. y a su vez son las víctimas de toda esta manera de enfocar el liderazgo. Existe un problema de base fundamental y está en que la mayor parte de los directivos en nuestro país aprenden a ser directivos viendo ejercer a sus jefes. Lo que sucede es que este liderazgo que en un primer momento sufren como víctimas, finalmente lo clonan convirtiéndose en aquello que anteriormente habían criticado en sus jefes. A este fenómeno lo he llamado la clonación del management tóxico. Creo que hay que ofrecer a los líderes del futuro modelos alternativos y válidos de comportamiento para que puedan aprender que es posible.

Mi próximo proyecto es hacer hablar a los líderes Zero y contar como lo hacen. Que los líderes Zero (aquellos que han renunciado al poder, a la rivalidad, a la violencia en el sentido de coacción y amenazas con sus subordinados) cuenten cómo lo hacen ellos en el día a día resulta ahora crucial.

En el segundo capítulo de su libro habla usted de las tres tentaciones del liderazgo ¿Podría explicar brevemente a nuestros lectores cuáles son y en qué consisten cada una de estas tres tentaciones? ¿Cómo podemos evitarlas?

La primera de ellas es alcanzar el poder y mantenerlo mediante la consecución de resultados u objetivos económicos, a costa de “lo que sea”. El problema del “milagro económico” está en que muchos de estos directivos para ver cumplidos dichos objetivos se ven obligados a quemar a su fuerza laboral. No dudan en arrasar con el capital humano de las organizaciones, que queda de este modo devastado.

La segunda tentación del directivo es la de vivir de la apariencia (sobre todo la apariencia en el sentido más externo y fútil de la palabra) no es tan importante ser un buen directivo como parecerlo por fuera. Hay directivos que se dedican a cultivar su imagen, a jugar a las apariencias dando prioridad a la notoriedad, al éxito, a salir en los medios y estar en los foros etc. Esto es lo que yo llamo el directivo narcisista y el problema de éste es que se convierte en un directivo tóxico, porque tiende a eliminar sistemáticamente a su alrededor a todos aquellos que presenten competencias, capacidades, destrezas, cualidades, o potencial que le resulten amenazantes. Depredan de manera especial la excelencia en su entorno porque la viven como amenazante.

Por último, la tercera tentación del liderazgo está en intentar convertir al que trabaja para ti en un imitador-adorador. Es el sometimiento que busca la abdicación a la propia libertad y la sumisión del otro, que quiere obligarle a renunciar a la propia personalidad y convertir a los demás en seguidores ciegos, en puros adoradores, convirtiéndote en un dios para otros, y conviertiendo a estos seguidores ciegos en futuros clones del directivo tóxico (produciéndose aquello de lo que hablábamos hace un momento, la clonación del neomanager).

Estas tres tentaciones obran igualmente el paso del directivo al lado oscuro del liderazgo, que no es otra cosa que un liderazgo basado en el poder, la rivalidad, la violencia y el abuso.

Recibió usted el Premio Everis de Ensayo Empresarial 2008 de manos de la Fundación Everis ¿qué sintió en aquel momento? ¿Se sintió usted tentado por alguna de las tres tentaciones del liderazgo que describe en su libro? (Recordemos a nuestros lectores que estas son: la apariencia, el éxito y la identificación sumisa con el otro)

Estoy muy agradecido a Everis por haberme concedido este premio porque fue inesperado y significa un reconocimiento a mi trabajo de los últimos años, un trabajo a veces políticamente incorrecto e incluso incómodo para muchos.

Esto ha supuesto permanecer, conscientemente, en el límite de lo tolerable del pensamiento “políticamente correcto” en materia de gestión y dirección de empresas. Una sorpresa para mí fue que una fundación tan relevante y prestigiosa como la Fundación Everis (una institución cuyo objetivo central es intentar aportar al mundo empresarial un valor añadido concreto) premiara un ensayo rompedor y duro que propone un cambio de paradigma, como Liderazgo Zero.

Una alegría personal fue darme cuenta de que algo se está moviendo y está cambiando en el mundo empresarial, y que ya muchos aceptan que el liderazgo ha de evolucionar y que ha llegado el momento de un cambio de paradigma..

En una sociedad como la actual intoxicada por la envidia ¿Qué receta hemos de seguir para no caer en el liderazgo tóxico? ¿Sería en su opinión la envidia la gran culpable de la mayoría de los males de la sociedad actual?

Como psicólogo hablaría más bien del narcisismo y de la ausencia generalizada de autoestima que caracteriza a nuestra sociedad y que lleva a los individuos a competir, a rivalizar y a tener celos unos de otros. Este sí que es el mal social. La sociedad narcisista lleva a vivir de las apariencias, a aparentar... El indivíduo narcisista característico de nuestra sociedad actual es alguien que va por el mundo intentando ser objeto de imitación o emulación.

El problema está en que el mimetismo (que explica ese intento de aparentar y de ser tomado como un modelo) lleva tarde o temprano a un conflicto generalizado, es decir: a una guerra de todos contra todos. Cualquier grupo humano caracterizado por el narcisismo es un grupo estructuralmente inestable, en conflicto y en crisis permanente (una crisis mimética que tratamos de resolver encontrando periódicamente chivos expiatorios que paguen las culpas y ello convierte a determinados individuos en víctimas del odio, de la animadversión...).

Eso garantiza (y en el libro esta descrito el modo en que se produce) un efecto muy inquietante: mientras tengamos un enemigo común, alguien contra el que cargar... la cooperación y la colaboración se vuelven posibles, volvemos a estar hermanados, nos sentimos miembros de una unidad, que pueden trabajar juntos y por tanto crear valor añadido.

El problema está en que la organización estructuralmente inestable por causa del narcisismo y de la guerra de todos contra todos, se convierte en un sistema sacrificial en el que periódicamente tenemos que convertir a alguien en el culpable oficial de los males que nos aquejan). Y esto es lo que explica los casos de mobbing.

¿Cuál es el lado oscuro del liderazgo? ¿Y la cara amable?

El lado oscuro del liderazgo existe en personas a las que el poder les ha cambiado de tal manera que ha modificado su forma de ser, sus actitudes, su personalidad y que han convertido la gestión de personas en una gestión maquiavélica, instrumentalizadora y manipuladora (es decir convierten a sus subordinados en medios para satisfacer sus propias ambiciones, sus propios objetivos etc.)

Los “líderes del lado oscuro” convierten a los demás en medios para lograr sus propios fines. Este tipo de management de corte psicopático y esta conversión al lado oscuro, transforma a un directivo con un potencial humano a priori interesante y prometedor, en un directivo tóxico, de corte psicopático y en alguien moralmente indiferente que ha abdicado de su responsabilidad moral y ética hacia los demás y hacia sí mismo.

En un momento como el actual en que parece darse entre la ciudadanía una cierta crisis o falta de fe en lo que al liderazgo político se refiere ¿qué cree usted que debemos exigir y esperar de los líderes políticos del futuro?

En esta materia soy pesimista, pues sabemos hace tiempo que si hay una profesión que atrae muy especialmente las personalidades psicopáticas, esa es la política. No quiero decir con ello que todos los políticos sean psicópatas, pero sí que la política reclama y atrae especialmente a lo peor del género humano. Las promesas de alcanzar poder, de ascenso social rápido a la cúspide, de prestigio, notoriedad, fama, y éxito que ofrece la política convierte a ésta en un espacio profesional en el que remansan y recalan muchísimas de las personalidades psicopáticas mas inquietantes de nuestro mundo. Sobre esto ya escribí el año pasado en Mi jefe es un psicópata: ¿por qué la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder? (Edit. Alienta, 2008).

¿Qué habría que reclamar del liderazgo político? Lo mismo que reclamamos del líder empresarial. Es decir, que se convierta en un servidor y en un facilitador de los objetivos de las personas a las que representan, en lugar de utilizar a sus votantes cada cuatro años como instrumentos al servicio de sus fines o ambiciones personales.

La corrupción que estamos viviendo actualmente no es más que un efecto natural y esperable del liderazgo tóxico(es decir de aquel líder que en lugar de ponerse al servicio de los demás, pone a estos a su servicio. En lugar de hacer de su actividad política un servicio, ha convertido su actividad política en una ventaja oportunista a corto plazo, en una forma de abusar del poder y en una forma de obtener mejoras económicas, privilegios... Es decir, todas las tres tentaciones que ya hemos analizado antes.

Tras la reestructuración empresarial que sufriremos tras la crisis ¿veremos un cambio de tendencias en cuanto a liderazgo?

Estoy seguro que sí. El cambio de tendencias en el liderazgo vendrá porque en el siglo XXI ya no hay personas que admitan ser dirigidas de otra manera que no sea aquella que proponemos en Liderazgo Zero. Se podrán someter, podrán simular que están de acuerdo, podrán acallar sus quejas momentáneamente etc. pero es una tendencia imparable y un hecho cierto que un trabajador, un empleado, un subordinado es un ciudadano en una sociedad libre, tiene una expectativa de opinar, de ser tenido en cuenta, de ser bien tratado y sobre todo de elegir y determinar conscientemente su vida.

No se puede seguir con esas viejas recetas del management del siglo XIX, porque aquellos a quienes se las aplicamos, ya no las admiten. Las personas hemos cambiado y esperamos otras actitudes, así como otras conductas de nuestros líderes (tanto empresariales como políticos). Por eso la misma crisis que afecta al liderazgo en la empresa arrastrará con ella a la forma de ejercer el liderazgo en política.

Un liderazgo tóxico es inadmisible y crecientemente inadmitido por los que son dirigidos.

La campaña de Barack Obama ha sido catalogada como una de las mejores de los últimos tiempos ¿en dónde radica el éxito del liderazgo del Presidente Norteamericano frente a otros líderes políticos mundiales?

En general, todos los líderes políticos, incluido Obama, viven de la segunda tentación del liderazgo que es la apariencia. En una sociedad narcisista, lo que cuenta no es tanto ser un buen dirigente como aparentarlo. De ahí las apuestas por las campañas de imagen, la inversión en publicidad, propaganda, promoción, etc. Todo esto hace que un líder político como Obama sepa desde el inicio de su carrera política que no es tan importante hacer las cosas bien, como dar una buena imagen ante la opinión pública y yo me pregunto: ¿Sabemos si Obama realmente es un buen dirigente? Mi respuesta es que “no lo sabemos”, pero lo que sí sabemos es que realmente aparenta serlo.

Entonces este se convierte en un liderazgo de fachada, de carcasa, de apariencia externa porque en una sociedad narcisista que lo que valora sobre todo es lo que se hace visible externamente.

“A mí esto no me pasaría nunca”, es una frase frecuentemente utilizada por todos, afirma usted en las páginas de su libro, ahora yo le pregunto ¿por qué el poder cambia siempre a quien lo ejerce? ¿No es acaso posible ostentar poder, ser líder y seguir siendo ante todo “persona”?

En castellano decimos “si quieres conocer a Juanillo, dale un carguillo”. Hay estudios demoledores que explican como las personas que adquieren posiciones de poder, cambian su forma de ser. Esa actitud de: mi poder viene de mi cargo y mi cargo dice al mundo lo que soy, es muy peligrosa porque produce transformaciones terribles y cambios permanentes en la personalidad.

No hace falta que sea un gran poder. Lo que está claro es que el ejercicio del poder al cabo del tiempo produce cambios en la forma de ser. La ingenuidad que todos compartimos es la de pensar que “a mi esto no me va a pasar”. La experiencia y numersos estudios nos dicen todo lo contrario. La pretensión del “a mi el poder no me cambiará” se ha revelado sistemáticamente falsa en todos aquellos que alguna vez accedieron al poder. Todos, menos ellos, notaron los cambios.

Por lo tanto, la conclusión es que, si no quieres verte afectado por esos cambios que el poder va a tener sobre tí, la única opción que te queda es renunciar al poder. Tan simple y aplastante. De ahí la frase del principio del libro y de la que hablábamos al comienzo de esta entrevista. Algo durísimo de aceptar.

Según usted querer ser un ídolo para los demás y desear ser querido, adorado, idolatrado, considerado y tenido en cuenta por los demás es el más claro reflejo de nuestro narcisismo ¿Es precisamente dicho afán por que los demás le imiten el que lleva al ser humano actual a la autodestrucción y al liderazgo tóxico?

La pretensión de ser un dios para los demás (que me adoren, que me rindan pleitesía, que me teman, que me hagan reverencias, que tiemblen ante mi presencia, que renuncien a sí mismos, a su propio criterio etc,) no sólo es una posición éticamente inadmisible, sino que además significa condenar la relación con los demás a ser una relación sistemáticamente conflictiva, que lleva a la rivalidad, al conflicto, a una crisis que amenaza la supervivencia del grupo y finalmente, al periódico sacrificio de víctimas inocentes que sirven para reconciliarnos entre nosotros, volviendo puntualmente a la cooperación de la que éramos incapaces, pero a base de eliminar a la víctima que se convierte en un chivo expiatorio.

Por último no quería finalizar esta entrevista sin preguntarle ¿cómo definiría usted su libro: como un tratado de ética, un estudio psicológico que describe las imperfecciones del ser humano o una lección de vida?

Liderazgo Zero es ante todo una elección de vida. Yo he querido finalizar mi libro con el capítulo que llamo Metanoia (es una conversión o cambio de rumbo) porque todo lo que se describe anteriormente son las tendencias en las que caemos inconscientemente. Estoy seguro de que los líderes no son conscientes del narcisismo social, ni de que están usando una forma de gestión tóxica, así que la recuperación de la consciencia produce la necesidad de una elección y esa elección es arriesgada por varias razones:

En primer lugar, porque va en contra de lo que casi todos los directivos hacen, en segundo lugar, porque expone a una vulnerabilidad al directivo (ya que si renuncia a la rivalidad y a la violencia en la relación con sus subordinados, podría convertirse a su vez en la víctima de todos ellos). Renunciar al uso de la violencia, la coacción y el miedo desde el liderazgo significa arriesgarse a sufrirlas.
Por último, esa elección de vida es al mismo tiempo un tratado de ética, porque las personas que lo eligen están eligiendo al mismo tiempo liberarse a sí mismos y liberar a los demás de los efectos nocivos de ese lado oscuro;
De tal manera que si un dirigente elige esto, estará eligiendo un bien que le lleva a la propia felicidad. En este sentido sí que podría considerarse un tratado de ética, sabiendo que no elegir esto es, dejarse llevar inconscientemente por las tendencias actuales del liderazgo tóxico, es ya una elección en sí, que ahora sabemos es una tácita apuesta por alcanzar poco a poco el paso al lado oscuro.

En última instancia liderazgo Zero podría considerarse también un tratado psicológico porque describe las prácticas y las raíces de la rivalidad, la envidia y la violencia desde la teoría mimética que yo describo

jueves 24 de septiembre de 2009

MOBBING MATERNAL: el acoso psicológico contra las mujeres embarazadas

No siempre el acoso tiende a la eliminación, ni aun menos como algún indocumentado sostiene, a la autoeliminación, (algo asi como un suicidio profesional). Frecuentemente lo que pretende quien acosa es mostrar a la víctima o a los demás su poder, y hacerlo mediante la destrucción de aquel al que va a victimizar.

El llamado mobbing maternal o más propiamente mobbing contra las mujeres embarazadas en uno de estos casos en los que no se busca la destrucción de la víctima de forma directa, sino que a pesar de que lo anterior se consiga igualmente, lo que se busca más inmediata y directamente es mostrar un ejemplo de lo que le puede pasar a “la que se atreva a” ... quedarse embarazada. Es un castigo ejemplar que sirva de aviso para otras mujeres que observan lo que le ocurre a la víctima. Un episodio más de la gestión por el psicoterror.

Según datos de la Fundación Madrina que preside Conrado Jimenez la mitad de las mujeres que ellos atienden han sufrido mobbing en el momento en que se han quedado embarazadas.

En nuestro ultimo estudio Cisneros XI (Vease la web www.liderazgozero.com) establece que el pasado año en España:

18 % de las trabajadoras denuncian que en su organización se producen presiones contra las mujeres por causa de su maternidad.

8 % de las trabajadoras acosadas refieren como causa principal del mobbing su maternidad.

16 % de las trabajadoras acosadas lo son por reivindicar derechos laborales.

16 % de las trabajadoras acosadas denuncian serlo por razón de género.

La exposición a estas conductas de hostigamiento reales y observables no es algo casual sino plenamente causal o intencional puesto que quien acosa intenta con mayor o menor consciencia de ello, (y en cualquier caso descuenta el resultado de su comportamiento como algo posible y hasta probable) un daño o perjuicio para quien resulta ser el blanco de esos ataques, muy especialmente el amilanamiento y la quiebra de su resistencia psicológica a medio plazo.

Si bien es cierto que todo proceso de acoso psicológico en el trabajo tiene como objetivo intimidar, reducir, aplanar, apocar, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima, con vistas a anularla, someterla o eliminarla de la organización, no es menos cierto que con el mobbing los que acosan tienden a canalizar y satisfacer una serie de impulsos y tendencias psicopáticas (Piñuel, 2001).

Estas personalidades de tipo psicopático: autopromotores aberrantes, maquiavélicos, narcisisistas o paranoides, suelen aprovechar la situación que les brindan los entornos revueltos, turbulentos y desregulados de las modernas organizaciones para cebarse sobre sus vícimas, en este caso las mujeres cuando se quedan embarazadas.

Estos agresores, que a veces incluso son otras mujeres, eso si, en posición de superioridad jerárquica, suelen ser personas que frecuentemente abusan y se prevalen de su posición de poder jerárquico formal y que usan su poder de tipo informal en la organización para desplegar sus frustraciones, compensar sus complejos o dar rienda suelta a todas y cada una de sus tendencias más agresivas y antisociales.

Mi libro “Mi jefe es un psicópata. Por que la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder” (ed Alienta, 2008), está dedicado por completo al análisis del moderno fenómeno que significa la presencia de toda esta ralea de directivos alterados que campan por sus respetos en nuestras organizaciones, dando rienda suelta a sus alteraciones psicopáticas y a conductas antisociales depredadoras.

En este libro quien lo desee puede encontrar una descripción pormenorizada de la verdadera naturaleza de estos depredadores sociales.

Ver mas en www.acosopsicologico.com
www.liderazgozero.com
www.iieddi.com

miércoles 20 de mayo de 2009

LA FUNDACIÓN EVERIS PRESENTA LA OBRA GANADORA DE SU PREMIO DE ENSAYO 2008: LIDERAZGO ZERO, DE IÑAKI PIÑUEL, Y EL ACCÉSIT COORDINADO POR J. URRA

LA FUNDACIÓN EVERIS PRESENTA LA OBRA GANADORA DE SU PREMIO DE ENSAYO 2008: LIDERAZGO ZERO, DE IÑAKI PIÑUEL, Y EL ACCÉSIT COORDINADO POR J. URRA


La Fundación everis ha presentado Liderazgo Zero de Iñaki Piñuel, obra ganadora del premio ensayo 2008. Piñuel inicia con esta obra una trilogía dedicada a proporcionar alternativas al liderazgo tóxico y profundiza en aspectos relacionales y psicológicos del ser humano para perfilar una radiografía del liderazgo dañino y las soluciones para evitarlo.

A lo largo del ensayo, merecedor del premio nacional de libros de empresa mejor dotado, Piñuel señala «las principales rémoras que afectan al ser humano actual, así como las principales tentaciones y obstáculos para un liderazgo real y efectivo».
Según el autor, «es necesaria una reflexión sobre las prácticas reales de management en nuestro país y una crítica a un mundo, el de los directivos, donde sigue habiendo mucha complacencia».

Califica su libro como «políticamente incorrecto, rompedor, atrevido y profético», donde muchos se verán reflejados. Por eso propone un Liderazgo Zero, «sin azúcares ni engordes, es decir, sin rivalidad, sin uso de la violencia, ni coacción ni abuso de poder».

Iñaki Piñuel reclama, en la parte final de la obra, una metanoia, es decir, «una especie de cambio fundamental o conversión interna» que permita al dirigente empresarial del siglo XXI «escapar a la espiral de la rivalidad, el poder y el uso de la violencia en las relaciones humanas, muy especialmente dentro del ámbito de la gestión directiva».

Eduardo Serra, presidente de la Fundación everis, destacó que «ambos libros son un analgésico contra el pesimismo, una respuesta a esta situación de cambio».

Presentación de mi nuevo libro Liderazgo Zero

A continuación algunos extractos de mi nuevo libro "LIDERAZGO ZERO: el liderazgo más alla del poder, la rivalidad y la violencia", publicado por LID EDITORIAL.

Se pueden consultar en la Pagina www.liderazgozero.com


“En la mayoría de las relaciones humanas se suele observar un intento universal de convertir al otro en “una mirada fascinada llena de admiración”. Esa mirada del otro fascinado nos confirma que, efectivamente, y contra lo que la pobre autoestima del narcisista (el Yo disminuido) pronostica, los demás reconocen por fin en nosotros a “alguien” que suscita deseos de imitación. El otro fascinado reconoce que somos alguien, luego podemos concluir que somos alguien.”

“En una sociedad de tipo narcisista, son muchos los que creen identificar en los demás la desviación de la trascendencia característica de la tentación de llegar al ser por el parecer e intentar fascinar a otros. Sin embargo muy pocos se reconocerán y se verán reflejados a sí mismos en el círculo infernal descrito.”


“Todos somos modelos para todos y por tanto potenciales adversarios mutuos”.

“Nuestro mundo actual se caracteriza por un acelerado abandono de todos los modelos jerárquicos, que por definición eran estables, y que dominaban y garantizaban el orden tradicional en las sociedades antiguas.”


“Adoptamos a otros como modelos en un deseo de trascendencia que al desviarse sustituye idolátricamente a Dios por el dios que es, desde ese momento, el otro idealizado para nosotros.”

“En el fondo no somos nada, y ello nos duele y aterra de tal manera, que salimos en desesperada huida hacia adelante y hacia afuera, con el vano intento de encontrar en aquel, otro que sí (él sí que sí) posee la autonomía, para intentar ser él mismo, o lo que es igual, convertirnos en él mismo, quitándolo de la vista o de en medio”.

“El proyecto metafísico de trascender nuestra nada suele terminar técnicamente en alguna de las tres tentaciones, denominadas así, porque las tres sustituyen la trascendencia vertical (divina) por otras trascendencias de tipo horizontal y humano.”

“Hacer algo, por muy espectacular que esto sea, no cambia la esencia del ser propio, ni cambia la sensación de vacío experimentada, por lo que nunca hay suficiente de ese remedio.”


“Una vez que ha fallado el intento de crearnos una imagen, es decir, de convertirnos en “alguien”, porque así lo reconocen los demás, se ofrece una segunda alternativa: la apropiación de cosas, bienes, que proporcione, ante sí mismos y ante los demás, la misma sensación de ser alguien.”

“La experiencia nos muestra que la sobreabundancia de bienes, si no va acompañada de una expresa renuncia a competir por ellos o apropiarse de ellos, no conduce sino a que los bienes se acumulen en manos de unos pocos. Esa ha sido la opción de un modelo agotante y ya agotado que ha desembocado en la crisis actual. La tentación de la producción desaforada no ha resuelto, sino agravado, los desequilibrios y la desigualdad.”

“Nuestra máquina mimética interior nos transforma en insaciables autómatas del consumo de todo aquello que los demás desean (realmente) o creemos que desean (de manera ficticia).
Con ello, el proceso de consumir se transforma en un infierno y en una guerra de nunca acabar de estar satisfechos con aquellos bienes que adquirimos, pues desde el momento que otros desean otras cosas y otros bienes, dirigimos nuestra atención a desear esas mismas cosas o bienes.”

“Tan sólo ese gran invento contra la guerra de todos contra todos, el mercado, puede conjurar, de manera momentánea, la destrucción mutua que termina garantizando el proceso mimético.”

“Desear ser rico en nuestra sociedad es fácil desde la imitación de un deseo que miles o millones de seres humanos desean a la vez. Ser rico equivale a situarse de manera permanente en la falsa posición del que ya ha llegado al SER trascendente. Esto explica la compulsión de una mayoría por alcanzar la riqueza por un lado, y el hastío de la vaciedad y el hartazgo de los pocos que ya lo han conseguido, por otro.”


“Muy pocas personas son capaces de imaginar el infierno existencial que aguarda a aquellos que, habiendo llegado ahí arriba, al final de esa carrera, constatan que, tampoco en la amplia acumulación y la apropiación de riquezas y bienes alcanzada, se encuentra aquella plenitud existencial que el tentador prometía.”

“El desolador panorama que el rico percibe, desde la atalaya de la cima de su éxito económico, se transforma en una terrible desesperación existencial en el momento que contempla todo lo que ha tenido que sacrificar para ello, sin obtener a cambio lo que le prometía el tentado, es decir, la plenitud existencial. Llegado este momento suele ser demasiado tarde para él. “

“Quienes aún no han alcanzado la riqueza, pero “lo están consiguiendo”, son los que tienen el peor pronóstico. Se trata de la mayoría de nosotros.
Un grupo que está llamado a morirse sin haber despertado, creyendo, además, que ha fracasado por no haber alcanzado la plenitud existencial, que prometía la acumulación de cosas y bienes que nunca conseguirá.”

“Muchos directivos que he conocido y tratado como psicólogo, ante el miedo, huyen hacia adelante en sus carreras profesionales y en sus vidas personales. Intentan superar ese miedo mediante un endurecimiento afectivo y ético. Buscan preservarse, anestesiándose ante la realidad. Intentan generar una capa de neopreno psicológico con la que conseguir que nada propio ni ajeno pueda llegar a afectarlos. El “ser duro” pasa, además, por ser una de las virtudes directivas, y algo que caracteriza a los ejecutivos más implacables”.

“La dureza tiene otra manifestación en forma de indiferencia. La indiferencia causa enorme impacto en los demás porque se interpreta como el “tener personalidad” o ser exponente de un elevado “control emocional”.
El directivo que se muestra indiferente ante los problemas humanos y sociales más sangrantes, pasa por ser alguien con un total control emocional. Algo que le permite que no le tiemble el pulso ante la toma de decisiones y la ejecución de éstas.”

“Muy pocas son las organizaciones que presumen de tener directivos humanos y humanizadores, comprensivos, pacientes, o tolerantes.
Todo ello se percibe, en no pocas organizaciones, como una “flojera psicológica” o incluso una concesión a la “debilidad” mental.”


“Cualquier persona normal puede, bajo la influencia de una figura de autoridad, infligir a víctimas inocentes un terrible castigo, con tal de que el que lo ordena sea percibido como una autoridad competente.”

“La participación en acciones negativas en la organización, no deja igual que antes a sus cómplices o cooperadores.
Poco a poco, esa participación suele ir minando la calidad moral de los trabajadores que actúan mal, convirtiéndolos en personas que han abdicado de una valoración ética de los comportamientos propios y ajenos.”

“Muchas organizaciones, a las que no queda más remedio que calificar como “psicológicamente tóxicas”, necesitan para su funcionamiento eficaz enrolar a la mayoría del personal directivo en una cooperación perversa.
Para conseguir esta involucración suelen situar a esos directivos en un estado de transferencia ética o estado agéntico que se consigue alcanzar, cuando el sistema de autoridad propio de estas organizaciones tóxicas reemplaza el criterio ético y moral del directivo, que ya no se considera a sí mismo como actuando a partir de sus propios fines o de su libertad de criterio, sino como un mero “agente” que ejecuta órdenes superiores que, siente, no puede incumplir.”

“El miedo en las organizaciones convierte al directivo al “lado oscuro del liderazgo”. Este viaje al lado oscuro, le convierte a un tipo de “no-liderazgo” de corte controlador que explica por qué sus propios subordinados no desarrollan y potencian su máximo valor añadido individual.”

“Dejar que las cosas se pudran, no decidir, decidir no hacer nada y esperar de perfil a “que pase de mi este cáliz” hasta que los problemas se resuelvan por si solos, lleva a este tipo de directivos a irradiar un tipo de toxicidad en la organización, muy difícil de superar por ningún otro estilo. La actitud de base del liderazgo dimisionario es, no decidir nada, y esperar que el tiempo pase, manteniendo como sea la posición de poder alcanzada.”

“El Liderazgo Inoperante Activo (LIA) requiere una gran operación y el despliegue de un enorme caudal de energía. Se trata de hacer mucho para que no se llegue a hacer en realidad nada. Con ello se trata asimismo de impedir que nadie llegue a hacer nada, y que nadie remueva el status quo vigente. Ello supone, para este tipo de ejecutivos, una gran dedicación para conseguir, a base de no hacer nada, de no decidir nada, de no crear nada, llegar a flotar en todas las aguas organizativas, por muy revueltas que éstas bajen. Se trata de desplegar una enorme actividad para conseguir ser y mantenerse, como un directivo totalmente inoperante.”

“El coste psicológico y moral de la indiferencia ante los problemas morales más acuciantes, supone caer en una progresiva anestesia moral y en la paulatina transformación que conduce directamente al lado oscuro del liderazgo.”

“La indiferencia de este tipo de directivos no es más que una progresiva aclimatación al mal, primero simulando que no se conoce su existencia, y después aceptando monstruosas deformaciones en la percepción de la mismísima realidad. Tener que aclimatarse al mal estructural en el que uno vive, significa una adaptación que modifica por completo la forma de ser, las actitudes, las creencias y finalmente el propio esquema de valores.”

“La otrora denominada alienación en el trabajo, adopta un perfil moderno entre muchos directivos, en forma de cuadro generalizado de abandonismo psicológico respecto al propio trabajo y a sus requerimientos morales. Consiste básicamente en ajustarse un traje de neopreno emocional para evitar que nada les afecte. Ni sienten ni padecen. Aparentemente tan sólo ejecutan órdenes, mandatos, o estrategias dictadas desde la superioridad.
En ese sentido, estos directivos dimisionarios son auténticas víctimas de un entorno laboral tóxico, que los va transformando paulatinamente.”

“La dimisión interior no es algo desconocido en otros entornos y ámbitos de nuestra sociedad. Así, vemos padres dimisionarios, parejas dimisionarias, ciudadanos dimisionarios, en aquellos que a diario, desbordados y no pudiendo hacer ya frente a sus respectivos roles sociales y responsabilidades morales, deciden tirar la toalla y permanecer y mantener el tipo quedándose en mera apariencia nominal “de cuerpo presente, pero de mente ausente”, de manera vegetativa, a modo de auténticos muertos vivientes o zombies sociales.”

“El desapego emocional en el trabajo de un directivo, es una reacción de daño, y no, la consecuencia de un “déficit actitudinal”, de una “falta de resiliencia”, o de una carencia de “inteligencia emocional” del líder tóxico. Por eso, proponer contra el liderazgo tóxico la mera capacitación en habilidades directivas para resolver este problema, es equivalente a hacer una (muy saludable) recomendación de practicar la dieta mediterránea. Una recomendación tan loable como inefectiva para resolver el problema.”

“Una salida en falso a este problema, radica en la paulatina extensión, dentro de la disciplina de la gestión de personas o Management, de un tipo de filosofía de corte orientalista y pseudomística, propia de muchos libros que hoy se ofrecen a los directivos y que suelen ser éxitos de ventas. Estos auténticos “pest sellers” proponen, ante los problemas concretos y reales de todos los días que aquejan a los directivos, una huida hacia delante de corte alienante cuando no, tácitamente, culpabilizador.
Es un enfoque que renuncia por anticipado al uso de la capacidad moral del ser humano ante los numerosos problemas que le angustian en el ámbito de la gestión empresarial.
Esta literatura no sólo suele ser acientífica, sino tácitamente inculpadora. Ante problemas y factores de riesgo “bien reales”, se limitan a proclamar la culpabilidad de los que son víctimas de ellos, predicando, ora la necesidad de adoptar una actitud mental positiva, ora la de huir del victimismo, ora la meditación, o incluso la lectura de cuentos con moralejas ambivalentes.”

“En un número cada vez mayor de entornos laborales, se vive en medio de una atmósfera social irrespirable, tan tóxica psicosocialmente que muchos de los directivos que debieran resultar decisivos y claves en el rediseño y la creación de climas de trabajo alternativos, renuncian tempranamente a ello como algo imposible.”

“Permanecer in-diferente requiere, por tanto, mucho esfuerzo. No es una actitud pasiva, sino que exige todo un despliegue de actividad y de energía.
Mantener la percepción del otro como alguien ajeno, es decir, literalmente “alienarlo” (hacerlo ajeno) requiere el despliegue de ingentes y crecientes cantidades de energía psíquica.Mantener la mentira psicológica de que no son parte de nosotros, las transforma, a la postre, en nuestras víctimas.”

“Por medio de una especie de pacto implícito, cada uno renuncia a su derecho a ser ayudado por los demás en el futuro a cambio de quedar liberado de la obligación universal de ayudar a quien lo requiere en el presente. Este “pacto de mutua indiferencia”, hace que cada uno renuncie por anticipado a su derecho a recibir ayuda por parte de los demás cuando se encuentre en desamparo o postración. A cambio de no tener que ayudar a nadie, se renuncia en el futuro a un “supuesto” derecho a recibir ayuda por parte de los demás. La necesaria reciprocidad social se preserva y ello extiende en la sociedad la indefensión ey l relativismo respecto a lo que en todas las culturas humanas fue desde el principio una universal obligación de ayuda a toda víctima.”

“La ruptura del mecanismo de la unanimidad persecutoria por parte de uno sólo de los miembros de un grupo violento poseído por el mimetismo grupal, y a punto de consumar la violencia, destruye el juguete mimético con el que cuenta la figura del acusador. La representación mítica de las víctimas como culpables en que se basa la justificación de toda la persecución que se va a desencadenar contra ellas, queda hecha añicos.
La defensa y la rehabilitación de las víctimas por estos héroes anónimos, auténticos defensores o modernos Jedis, bloquea el cierre de la representación de las víctimas como “merecedoras de su mal”. También rompe la inercia indiferente.”

“El mal, las injusticias, los abusos y, en general, todos los procesos de eliminación y destrucción psicológica de víctimas en una organización, pueden ser detenidos desde el principio. Para ello, la ruptura de la indiferencia inicial y del pacto de silencio en torno a las víctimas, resulta esencial. Aunque sea la obra de un sólo sujeto, la actitud de estos héroes anónimos que “se la juegan por los demás”, resulta ejemplar para el resto.”

“Esta no es una decisión que se adopta de una vez para siempre en una especie de opción fundamental permanente del dirigente empresarial. Significa una continuada opción ante la múltiple y variada gama de situaciones que se ofrecen a los directivos hoy en día, y que les expone a dilemas de tipo moral y ético. Ante estas situaciones, sus elecciones y decisiones concretas les van convirtiendo interiormente, bien en un satán, bien en un parakleitos. Ésta es la gran alternativa ética de nuestro tiempo...”

“Buscando eliminar la disonancia generada por haber omitido el deber universal de ayuda a las víctimas, en el individuo se produce un subproducto psicológico aún peor, que genera cambios permanentes en su personalidad. Estos cambios permanentes en la personalidad, son la natural y esperable salida en falso de personas que no presentaban inicialmente una personalidad psicopática. Simplemente se van convirtiendo en especialistas en pasar del prójimo y ser ajenos absolutamente a ellos. Van perdiendo la empatía y generando su antagonista, la psicopatía.”

“Un psicópata no es siempre una especie de Hannibal Lecter con cara de malo y ojos reptilianos. Lo que caracteriza a un psicópata es, sobre todo, su carencia absoluta de empatía, y su sorprendente y pasmosa incapacidad para sentir emociones o para situarse emocionalmente en el lugar de otro.
Estos individuos, cuando son evaluados psicológicamente, no presentan remordimientos ni sentimientos de culpa por las barbaridades, atrocidades, o fraudes que cometen.”

“Hay que recordar que los directivos psicópatas no están, técnicamente hablando, locos. No presentan ni alucinaciones ni delirios, ni creen ser otras personas. No presentan crisis de ansiedad ni los conflictos psicológicos propios y habituales de las personalidades neuróticas. Más bien, aparecen especialmente controlados en el plano emocional y afectivo.”

“Muchos dirigentes empresariales que han pasado al lado oscuro, han descubierto la efectividad del mecanismo de tipo sacrificial. Al descubrirlo, quedan prendados de cuan efectivo puede resultar a la hora de resolver todo tipo de crisis. El mecanismo sacrificial de expulsión, consiste en señalar un chivo expiatorio o culpable universal de todo lo malo que ocurre en ese departamento, unidad o empresa, para, una vez señalado y estigmatizado adecuadamente, sacrificarlo por el bien y la supervivencia del grupo. El chivo expiatorio es el recurso ideal para explotar toda la situación de crisis en su exclusivo beneficio, reforzar su poder y alinear a todos a su lado. Con la génesis del mecanismo del chivo expiatorio, un líder tóxico, trata de desarrollar periódicamente acontecimientos de purga en forma de expulsión y linchamiento ritual y grupal, que puedan funcionar como los elementos integradores del grupo y que le permitan reinar sobre su propia incapacidad de articulación e integración social.”

martes 3 de febrero de 2009

MOBBING: RAZONES PARA LA RISA

RAZONES PARA LA RISA

“Dedicado a los que ríen”.

por Los que no rien ya.

He dejado pasar varias horas antes de poder superar la náusea profunda y escribir estas líneas que quieren ser un homenaje a aquellos que, en esta inmensa polémica no han podido hablar, ni podrán poner los posts correspondientes. Yo lo hago por ellos. Va en su memoria.

El doctor X, al que llamaré Ernesto de manera figurada es un médico que descubrió que los pacientes del servicio de su especialidad médica estaban muriendo a chorros merced a técnicas no contrastadas ni acreditadas que el jefe de su servicio al parecer les aplicaba (estilo Doctor Mengele) sin consentimiento ni aún menos conocimiento de aquellos que resultaron ser sus cobayas humanos.

Tras denunciarlo internamente y solicitar que se hiciera una auditoría interna en ese hospital, esta se realizó y se mantuvo oculta durante meses. Finalmente se saldó con un resultado positivo. Tasas de mortalidad inadmisibles y mala praxis. Decenas de personas que deberían vivir habían fallecido. Ernesto fue premiado con el mobbing.
Se le prohibió operar, fue apartado, ninguneado y vejado. Los compañeros comenzaron a darle de lado. La inspección de trabajo declaró que existía “mobbing técnico”, es decir, falta de ocupación efectiva mantenida e incomprensible.

Dos años después, Ernesto vive el calvario del Síndrome de Estrés Postraumático ya cronificado. Su vida es un infierno. No duerme. No se puede concentrar. No puede control sobre sus emociones. Revive una y otra vez en medio de terribles flashbacks las escenas del maltrato y de las presiones que recibió en su hospital. Es lo que técnicamente denominamos un Whistleblower (pepito grillo). Dice que el acoso ha arruinado su vida profesional.

Gema fue una analista financiera brillante. La primera de su promoción, le gustaba la vida y era alegre. Comenzó a trabajar con un jefe tiránico y despótico que, al principio soportó más o menos bien. La incompetencia de aquel jefe tóxico en la gestión de los activos financieros, le llevó al cabo del tiempo a intentar echarle a Gema la culpa de un desastre y unos errores profesionales, que él con su incompetencia, se esforzaba por aumentar día a día. La cosa llegó a varios miles de millones de las antiguas pesetas.

Ella, una persona ingenua y confiada, comenzó poco a poco a internalizar y a asumir como verdaderas las falsas acusaciones e imputaciones que le hacía su jefe cada día. Alguien que proyectaba sobre ella una responsabilidad que solo él tenía de aquel agujero económico. Era una inútil, incompetente. La culpable de los errores que solo él había cometido.

Este calvario para Gema duró dos años. Acababa de tener a su primer hijo. El psiquiatra, que la atendía que no entendía lo que es el mobbing, le dijo aquella tarde que no tenía que intentar ser “una mujer 10”. Ella le hizo caso. Fue a casa de su hermana y dejó con ella a su hijo de tres años. Luego volvió a su domicilio y se tiró por el balcón que daba a la calle.

Felix era panadero de profesión. Llevaba muchos años en aquella empresa que le acosaba sin descanso desde hacía tanto tiempo... A partir de un determinado momento, sus jefes le acosaban cada vez más exigiéndole un esfuerzo agotador. Trabajaba casi 20 horas cada día y aún tenía que escuchar que no hacía lo suficiente. ¡Es que no vales! ¡Ya no eres rentable para esta empresa! Estuvo algún tiempo de baja por depresión. Cuando vio que los médicos querían darle al alta para reincorporarlo a aquel infierno optó por ahorcarse en medio del salón de su casa. Le encontraron sus hijas pequeñas, colgando de la lámpara. Antes muerto que volver a ese infierno, me dijo.

Pedro, era bancario. Era el tío más simpático de su sucursal de una pequeña capital de provincia en el norte. Su jefe, el director de la sucursal, le tenía envidia porque todos los clientes querían ser atendidos por Pedro. Su intento de que fracasara en las gestiones comerciales fue vano. Ël siempre hacía la cifra y alcanzaba los objetivos, por muy imposibles que fueran. Con ello, la ira y la persecución contra él de su jefe no hacía sino aumentar cada vez más. Esto, Iñaki, es “morir de éxito”, me comentó una vez...
Y es verdad que murió. Pero no de éxito. Bajó al trastero de su casa a por una botella de vino, según le dijo a su mujer y allí mismo se ahorcó.
Su jefe, al saberlo, extendió falsamente entre los clientes de la sucursal, que, al parecer Pedro tenía problemas de pareja e iba a separarse. El Banco negó que hubiera habido mobbing.

Avelino era un camarero jóven y tenía la vida por delante. Su jefe era un psicópata organizacional. Además de acosarlo a él, acosaba sexualmente a las camareras de aquel balneario. Si querías trabajar, ya sabías lo que había que hacer... Avelino era víctima de la rabia y el maltrato verbal de su jefe a diario. Simpático, guapetón y con 19 años era el blanco preferido de un narcisista enfermizo. Sus padres comentaron que cambió su personalidad. Cada vez más callado y solitario, se negaba a contar lo que le ocurría. Una noche después de la última escena de vejaciones y humillaciones, el chico dio un volantazo y se quitó de en medio, tirándose literalmente por un barranco valenciano. Apareció entre los amasijos su cuerpo destrozado. Meses después, Jesús, el nuevo Director de Recursos Humanos descubrió todo el pastel que allí se cocía. Pero, para Avelino, llegaba demasiado tarde.

domingo 1 de febrero de 2009

LA BROMA DEL MOBBING: HOMENAJE A LOS BECARIOS FEUDALES Y A LOS MUERTOS POR EL ACOSO.

(Prof Iñaki Piñuel).- Con ocasión de la publicación del anterior post en mi Blog sobre la escena captada de maltrato y acoso a una becaria, algunos comentaristas señalan que "quizás se trate de una broma"(un fake), para dar mayor publicidad al programa de Wyoming.

Si así fuera, sería mucho más grave la valoración y la condena moral a formular contra quienes puedan utilizar a las víctimas del acoso como rehenes de una acción propagandística o comercial, con fines lucrativos.

Creo que estos comentarios son una señal inequívoca de la corrupción moral a que hemos llegado como sociedad.

Que algunos comentaristas puedan justificar la divulgación de una escena de hostigamiento y maltrato extremo como la que se emitió ayer en Televisión con el argumento de que "todo podría ser una broma", me parece de extrema gravedad y, como psicólogo, muy sintomático de una pérdida de rumbo de la más mínima ética social.

A continuación me gustaría exponer las razones por las que el mobbing no debería tomarse a broma en ningún caso.

En los últimos años he podido asistir a muchas personas que sufrieron mobbing en sus trabajos. Sería difícil de describir lo que significa para una persona normal, que nunca ha padecido antes trastornos psíquicos, entrar en un cuadro de daño como es el Síndrome de Estrés Postraumático.Un cuadro de daño que se le ha infligido a base de comportamientos como el que exhibe el video, a veces mucho más anodinos, pero que, de forma acumulativa, van erosionando y minando a quien los sufre.

En algunos casos límite, las víctimas del acoso se terminaron quitando la vida por no poder soportar más un tipo sufrimiento que es difícil de transmitir si no se ha padecido en carnes propias.

Un reportaje de Nuria Varela en Interviu contó tan solo 4 de los casos más graves que yo he conocido y que he podido conocer de primera mano.

Todos ellos son casos de trabajadores que murieron gracias a la "broma del Mobbing". De ahí lo inadmisible que resulta para mi el banalizar, trivializar, o tomarse a chacota el maltrato y la persecución en el trabajo.

Uno de esos casos fue el de Flores Espinosa, jardinero del Ayuntamiento de San Fernando de Henares (Madrid), quien se quemó a lo bonzo tras ser sancionado con un día sin empleo y sueldo después de un rosario de presiones y hostigamiento.

Su hijo explica en dicho reportaje las circunstancias que rodearon su muerte.

"Mi padre no estaba loco ni borracho, estaba lleno de vida. Además de su trabajo en el Ayuntamiento, era humorista y tenía previstas más de cincuenta galas para los meses siguientes. Mi padre llamaba a cada cosa por su nombre y denunciaba todas las situaciones injustas o irregulares que se daban, por eso se convirtió en una persona molesta.

Sufría el menosprecio con el que le trataban los encargados, personas que tienen peso en la política municipal”.

Francisco Flores Espinosa, vió morir a su padre debido al mobbing.Otros hijos que yo conozco también quedaron sin padres o madres.

El 10 de marzo de 2004, su padre, Flores Espinosa, se pegó fuego a lo bonzo delante del Ayuntamiento de San Fernando de Henares (Madrid), donde trabajaba como jardinero desde hacía 14 años.

Flores tenía 53 años y resultó herido grave con quemaduras en el 60 por ciento del cuerpo. Falleció tres días después.

Flores se prendió fuego delante de su hijo de 26 años y de sus compañeros de trabajo.

Según el informe realizado a instancias del sindicato a que pertencía Flores, este sufrió: “medidas discriminatorias en relación a asignaciones de trabajo y turnos, por lo menos desde el año 2000; denegación u obstaculización de los tiempos de permiso para cuidar su mujer y acompañarla a las sesiones de radioterapia contra el cáncer que padecía; sanción discriminatoria tanto contra él como contra su hijo a pesar de que otros trabajadores estaban en la misma situación objeto de la sanción y amenazas directas contra él por parte de un jefe de equipo denunciadas por el trabajador ante el Ayuntamiento”.

Desde los años 80 conocemos que los trabajadores sometidos a este tipo de maltrato laboral incrementan significativamente el riesgo y la probabilidad de desarrollar importantes secuelas psicológicas así como comportamientos suicidas.