A continuación algunos extractos de mi nuevo libro "LIDERAZGO ZERO: el liderazgo más alla del poder, la rivalidad y la violencia", publicado por LID EDITORIAL.
Se pueden consultar en la Pagina
www.liderazgozero.com“En la mayoría de las relaciones humanas se suele observar un intento universal de convertir al otro en “una mirada fascinada llena de admiración”. Esa mirada del otro fascinado nos confirma que, efectivamente, y contra lo que la pobre autoestima del narcisista (el Yo disminuido) pronostica, los demás reconocen por fin en nosotros a “alguien” que suscita deseos de imitación. El otro fascinado reconoce que somos alguien, luego podemos concluir que somos alguien.”
“En una sociedad de tipo narcisista, son muchos los que creen identificar en los demás la desviación de la trascendencia característica de la tentación de llegar al ser por el parecer e intentar fascinar a otros. Sin embargo muy pocos se reconocerán y se verán reflejados a sí mismos en el círculo infernal descrito.”
“Todos somos modelos para todos y por tanto potenciales adversarios mutuos”.
“Nuestro mundo actual se caracteriza por un acelerado abandono de todos los modelos jerárquicos, que por definición eran estables, y que dominaban y garantizaban el orden tradicional en las sociedades antiguas.”
“Adoptamos a otros como modelos en un deseo de trascendencia que al desviarse sustituye idolátricamente a Dios por el dios que es, desde ese momento, el otro idealizado para nosotros.”
“En el fondo no somos nada, y ello nos duele y aterra de tal manera, que salimos en desesperada huida hacia adelante y hacia afuera, con el vano intento de encontrar en aquel, otro que sí (él sí que sí) posee la autonomía, para intentar ser él mismo, o lo que es igual, convertirnos en él mismo, quitándolo de la vista o de en medio”.
“El proyecto metafísico de trascender nuestra nada suele terminar técnicamente en alguna de las tres tentaciones, denominadas así, porque las tres sustituyen la trascendencia vertical (divina) por otras trascendencias de tipo horizontal y humano.”
“Hacer algo, por muy espectacular que esto sea, no cambia la esencia del ser propio, ni cambia la sensación de vacío experimentada, por lo que nunca hay suficiente de ese remedio.”
“Una vez que ha fallado el intento de crearnos una imagen, es decir, de convertirnos en “alguien”, porque así lo reconocen los demás, se ofrece una segunda alternativa: la apropiación de cosas, bienes, que proporcione, ante sí mismos y ante los demás, la misma sensación de ser alguien.”
“La experiencia nos muestra que la sobreabundancia de bienes, si no va acompañada de una expresa renuncia a competir por ellos o apropiarse de ellos, no conduce sino a que los bienes se acumulen en manos de unos pocos. Esa ha sido la opción de un modelo agotante y ya agotado que ha desembocado en la crisis actual. La tentación de la producción desaforada no ha resuelto, sino agravado, los desequilibrios y la desigualdad.”
“Nuestra máquina mimética interior nos transforma en insaciables autómatas del consumo de todo aquello que los demás desean (realmente) o creemos que desean (de manera ficticia).
Con ello, el proceso de consumir se transforma en un infierno y en una guerra de nunca acabar de estar satisfechos con aquellos bienes que adquirimos, pues desde el momento que otros desean otras cosas y otros bienes, dirigimos nuestra atención a desear esas mismas cosas o bienes.”
“Tan sólo ese gran invento contra la guerra de todos contra todos, el mercado, puede conjurar, de manera momentánea, la destrucción mutua que termina garantizando el proceso mimético.”
“Desear ser rico en nuestra sociedad es fácil desde la imitación de un deseo que miles o millones de seres humanos desean a la vez. Ser rico equivale a situarse de manera permanente en la falsa posición del que ya ha llegado al SER trascendente. Esto explica la compulsión de una mayoría por alcanzar la riqueza por un lado, y el hastío de la vaciedad y el hartazgo de los pocos que ya lo han conseguido, por otro.”
“Muy pocas personas son capaces de imaginar el infierno existencial que aguarda a aquellos que, habiendo llegado ahí arriba, al final de esa carrera, constatan que, tampoco en la amplia acumulación y la apropiación de riquezas y bienes alcanzada, se encuentra aquella plenitud existencial que el tentador prometía.”
“El desolador panorama que el rico percibe, desde la atalaya de la cima de su éxito económico, se transforma en una terrible desesperación existencial en el momento que contempla todo lo que ha tenido que sacrificar para ello, sin obtener a cambio lo que le prometía el tentado, es decir, la plenitud existencial. Llegado este momento suele ser demasiado tarde para él. “
“Quienes aún no han alcanzado la riqueza, pero “lo están consiguiendo”, son los que tienen el peor pronóstico. Se trata de la mayoría de nosotros.
Un grupo que está llamado a morirse sin haber despertado, creyendo, además, que ha fracasado por no haber alcanzado la plenitud existencial, que prometía la acumulación de cosas y bienes que nunca conseguirá.”
“Muchos directivos que he conocido y tratado como psicólogo, ante el miedo, huyen hacia adelante en sus carreras profesionales y en sus vidas personales. Intentan superar ese miedo mediante un endurecimiento afectivo y ético. Buscan preservarse, anestesiándose ante la realidad. Intentan generar una capa de neopreno psicológico con la que conseguir que nada propio ni ajeno pueda llegar a afectarlos. El “ser duro” pasa, además, por ser una de las virtudes directivas, y algo que caracteriza a los ejecutivos más implacables”.
“La dureza tiene otra manifestación en forma de indiferencia. La indiferencia causa enorme impacto en los demás porque se interpreta como el “tener personalidad” o ser exponente de un elevado “control emocional”.
El directivo que se muestra indiferente ante los problemas humanos y sociales más sangrantes, pasa por ser alguien con un total control emocional. Algo que le permite que no le tiemble el pulso ante la toma de decisiones y la ejecución de éstas.”
“Muy pocas son las organizaciones que presumen de tener directivos humanos y humanizadores, comprensivos, pacientes, o tolerantes.
Todo ello se percibe, en no pocas organizaciones, como una “flojera psicológica” o incluso una concesión a la “debilidad” mental.”
“Cualquier persona normal puede, bajo la influencia de una figura de autoridad, infligir a víctimas inocentes un terrible castigo, con tal de que el que lo ordena sea percibido como una autoridad competente.”
“La participación en acciones negativas en la organización, no deja igual que antes a sus cómplices o cooperadores.
Poco a poco, esa participación suele ir minando la calidad moral de los trabajadores que actúan mal, convirtiéndolos en personas que han abdicado de una valoración ética de los comportamientos propios y ajenos.”
“Muchas organizaciones, a las que no queda más remedio que calificar como “psicológicamente tóxicas”, necesitan para su funcionamiento eficaz enrolar a la mayoría del personal directivo en una cooperación perversa.
Para conseguir esta involucración suelen situar a esos directivos en un estado de transferencia ética o estado agéntico que se consigue alcanzar, cuando el sistema de autoridad propio de estas organizaciones tóxicas reemplaza el criterio ético y moral del directivo, que ya no se considera a sí mismo como actuando a partir de sus propios fines o de su libertad de criterio, sino como un mero “agente” que ejecuta órdenes superiores que, siente, no puede incumplir.”
“El miedo en las organizaciones convierte al directivo al “lado oscuro del liderazgo”. Este viaje al lado oscuro, le convierte a un tipo de “no-liderazgo” de corte controlador que explica por qué sus propios subordinados no desarrollan y potencian su máximo valor añadido individual.”
“Dejar que las cosas se pudran, no decidir, decidir no hacer nada y esperar de perfil a “que pase de mi este cáliz” hasta que los problemas se resuelvan por si solos, lleva a este tipo de directivos a irradiar un tipo de toxicidad en la organización, muy difícil de superar por ningún otro estilo. La actitud de base del liderazgo dimisionario es, no decidir nada, y esperar que el tiempo pase, manteniendo como sea la posición de poder alcanzada.”
“El Liderazgo Inoperante Activo (LIA) requiere una gran operación y el despliegue de un enorme caudal de energía. Se trata de hacer mucho para que no se llegue a hacer en realidad nada. Con ello se trata asimismo de impedir que nadie llegue a hacer nada, y que nadie remueva el status quo vigente. Ello supone, para este tipo de ejecutivos, una gran dedicación para conseguir, a base de no hacer nada, de no decidir nada, de no crear nada, llegar a flotar en todas las aguas organizativas, por muy revueltas que éstas bajen. Se trata de desplegar una enorme actividad para conseguir ser y mantenerse, como un directivo totalmente inoperante.”
“El coste psicológico y moral de la indiferencia ante los problemas morales más acuciantes, supone caer en una progresiva anestesia moral y en la paulatina transformación que conduce directamente al lado oscuro del liderazgo.”
“La indiferencia de este tipo de directivos no es más que una progresiva aclimatación al mal, primero simulando que no se conoce su existencia, y después aceptando monstruosas deformaciones en la percepción de la mismísima realidad. Tener que aclimatarse al mal estructural en el que uno vive, significa una adaptación que modifica por completo la forma de ser, las actitudes, las creencias y finalmente el propio esquema de valores.”
“La otrora denominada alienación en el trabajo, adopta un perfil moderno entre muchos directivos, en forma de cuadro generalizado de abandonismo psicológico respecto al propio trabajo y a sus requerimientos morales. Consiste básicamente en ajustarse un traje de neopreno emocional para evitar que nada les afecte. Ni sienten ni padecen. Aparentemente tan sólo ejecutan órdenes, mandatos, o estrategias dictadas desde la superioridad.
En ese sentido, estos directivos dimisionarios son auténticas víctimas de un entorno laboral tóxico, que los va transformando paulatinamente.”
“La dimisión interior no es algo desconocido en otros entornos y ámbitos de nuestra sociedad. Así, vemos padres dimisionarios, parejas dimisionarias, ciudadanos dimisionarios, en aquellos que a diario, desbordados y no pudiendo hacer ya frente a sus respectivos roles sociales y responsabilidades morales, deciden tirar la toalla y permanecer y mantener el tipo quedándose en mera apariencia nominal “de cuerpo presente, pero de mente ausente”, de manera vegetativa, a modo de auténticos muertos vivientes o zombies sociales.”
“El desapego emocional en el trabajo de un directivo, es una reacción de daño, y no, la consecuencia de un “déficit actitudinal”, de una “falta de resiliencia”, o de una carencia de “inteligencia emocional” del líder tóxico. Por eso, proponer contra el liderazgo tóxico la mera capacitación en habilidades directivas para resolver este problema, es equivalente a hacer una (muy saludable) recomendación de practicar la dieta mediterránea. Una recomendación tan loable como inefectiva para resolver el problema.”
“Una salida en falso a este problema, radica en la paulatina extensión, dentro de la disciplina de la gestión de personas o Management, de un tipo de filosofía de corte orientalista y pseudomística, propia de muchos libros que hoy se ofrecen a los directivos y que suelen ser éxitos de ventas. Estos auténticos “pest sellers” proponen, ante los problemas concretos y reales de todos los días que aquejan a los directivos, una huida hacia delante de corte alienante cuando no, tácitamente, culpabilizador.
Es un enfoque que renuncia por anticipado al uso de la capacidad moral del ser humano ante los numerosos problemas que le angustian en el ámbito de la gestión empresarial.
Esta literatura no sólo suele ser acientífica, sino tácitamente inculpadora. Ante problemas y factores de riesgo “bien reales”, se limitan a proclamar la culpabilidad de los que son víctimas de ellos, predicando, ora la necesidad de adoptar una actitud mental positiva, ora la de huir del victimismo, ora la meditación, o incluso la lectura de cuentos con moralejas ambivalentes.”
“En un número cada vez mayor de entornos laborales, se vive en medio de una atmósfera social irrespirable, tan tóxica psicosocialmente que muchos de los directivos que debieran resultar decisivos y claves en el rediseño y la creación de climas de trabajo alternativos, renuncian tempranamente a ello como algo imposible.”
“Permanecer in-diferente requiere, por tanto, mucho esfuerzo. No es una actitud pasiva, sino que exige todo un despliegue de actividad y de energía.
Mantener la percepción del otro como alguien ajeno, es decir, literalmente “alienarlo” (hacerlo ajeno) requiere el despliegue de ingentes y crecientes cantidades de energía psíquica.Mantener la mentira psicológica de que no son parte de nosotros, las transforma, a la postre, en nuestras víctimas.”
“Por medio de una especie de pacto implícito, cada uno renuncia a su derecho a ser ayudado por los demás en el futuro a cambio de quedar liberado de la obligación universal de ayudar a quien lo requiere en el presente. Este “pacto de mutua indiferencia”, hace que cada uno renuncie por anticipado a su derecho a recibir ayuda por parte de los demás cuando se encuentre en desamparo o postración. A cambio de no tener que ayudar a nadie, se renuncia en el futuro a un “supuesto” derecho a recibir ayuda por parte de los demás. La necesaria reciprocidad social se preserva y ello extiende en la sociedad la indefensión ey l relativismo respecto a lo que en todas las culturas humanas fue desde el principio una universal obligación de ayuda a toda víctima.”
“La ruptura del mecanismo de la unanimidad persecutoria por parte de uno sólo de los miembros de un grupo violento poseído por el mimetismo grupal, y a punto de consumar la violencia, destruye el juguete mimético con el que cuenta la figura del acusador. La representación mítica de las víctimas como culpables en que se basa la justificación de toda la persecución que se va a desencadenar contra ellas, queda hecha añicos.
La defensa y la rehabilitación de las víctimas por estos héroes anónimos, auténticos defensores o modernos Jedis, bloquea el cierre de la representación de las víctimas como “merecedoras de su mal”. También rompe la inercia indiferente.”
“El mal, las injusticias, los abusos y, en general, todos los procesos de eliminación y destrucción psicológica de víctimas en una organización, pueden ser detenidos desde el principio. Para ello, la ruptura de la indiferencia inicial y del pacto de silencio en torno a las víctimas, resulta esencial. Aunque sea la obra de un sólo sujeto, la actitud de estos héroes anónimos que “se la juegan por los demás”, resulta ejemplar para el resto.”
“Esta no es una decisión que se adopta de una vez para siempre en una especie de opción fundamental permanente del dirigente empresarial. Significa una continuada opción ante la múltiple y variada gama de situaciones que se ofrecen a los directivos hoy en día, y que les expone a dilemas de tipo moral y ético. Ante estas situaciones, sus elecciones y decisiones concretas les van convirtiendo interiormente, bien en un satán, bien en un parakleitos. Ésta es la gran alternativa ética de nuestro tiempo...”
“Buscando eliminar la disonancia generada por haber omitido el deber universal de ayuda a las víctimas, en el individuo se produce un subproducto psicológico aún peor, que genera cambios permanentes en su personalidad. Estos cambios permanentes en la personalidad, son la natural y esperable salida en falso de personas que no presentaban inicialmente una personalidad psicopática. Simplemente se van convirtiendo en especialistas en pasar del prójimo y ser ajenos absolutamente a ellos. Van perdiendo la empatía y generando su antagonista, la psicopatía.”
“Un psicópata no es siempre una especie de Hannibal Lecter con cara de malo y ojos reptilianos. Lo que caracteriza a un psicópata es, sobre todo, su carencia absoluta de empatía, y su sorprendente y pasmosa incapacidad para sentir emociones o para situarse emocionalmente en el lugar de otro.
Estos individuos, cuando son evaluados psicológicamente, no presentan remordimientos ni sentimientos de culpa por las barbaridades, atrocidades, o fraudes que cometen.”
“Hay que recordar que los directivos psicópatas no están, técnicamente hablando, locos. No presentan ni alucinaciones ni delirios, ni creen ser otras personas. No presentan crisis de ansiedad ni los conflictos psicológicos propios y habituales de las personalidades neuróticas. Más bien, aparecen especialmente controlados en el plano emocional y afectivo.”
“Muchos dirigentes empresariales que han pasado al lado oscuro, han descubierto la efectividad del mecanismo de tipo sacrificial. Al descubrirlo, quedan prendados de cuan efectivo puede resultar a la hora de resolver todo tipo de crisis. El mecanismo sacrificial de expulsión, consiste en señalar un chivo expiatorio o culpable universal de todo lo malo que ocurre en ese departamento, unidad o empresa, para, una vez señalado y estigmatizado adecuadamente, sacrificarlo por el bien y la supervivencia del grupo. El chivo expiatorio es el recurso ideal para explotar toda la situación de crisis en su exclusivo beneficio, reforzar su poder y alinear a todos a su lado. Con la génesis del mecanismo del chivo expiatorio, un líder tóxico, trata de desarrollar periódicamente acontecimientos de purga en forma de expulsión y linchamiento ritual y grupal, que puedan funcionar como los elementos integradores del grupo y que le permitan reinar sobre su propia incapacidad de articulación e integración social.”